viernes, 15 de febrero de 2013

Aprendiendo a vivir desde el alma


"La diferencia entre vivir desde el alma y vivir sólo desde el ego radica en tres cosas: la habilidad de percibir y aprender nuevas maneras, la tenacidad de atravesar senderos turbulentos y la paciencia de aprender el amor profundo con el tiempo ... Se necesita un corazón que esté dispuesto a morir y nacer y morir y nacer una y otra vez". 

CLARISSA PINKOLA ESTES




Queridos, amigos y lectores, en este periodo de mi vida personal muchas cosas han cambiado, grandes aprendizajes han sucedido.


También se necesita de una valentía para poder escuchar lo que nuestro corazón nos pide, interpretarlo y dejar ser ese llamado en nosotros.

Aceptar nuestra humanidad desde lo mas profundo abrazando los momentos de dolor, tristeza, sufrimiento, angustia, las lagrimas, las risas, re-significando los momentos, los instantes, los lazos profundos y reales. Las conexiones con la Madre Tierra y con nuestras cuevas internas. A las que casi nunca accedemos por falta de tiempo, por las demandas del exterior, por falta de entrega, por rehuir de lo que sentimos, de lo que esta mas allá de la mente.

Gracias a todo ello podemos comenzar a unificar el sendero espiritual y salvaje de nuestra Humanidad con el día a día, haciéndonos concientes al elegir, pensar, sentir, caminar y demás. Saliendo al mundo luego de estos ciclos de muerte y renacimiento fortalecidos, conectados cada vez mas con nuestra esencia, cuerpo, mente, espiritu, alma, ego.

Buena parte de nuestro conocimiento de la naturaleza de la Vida/ Muerte/Vida está contaminada por nuestro temor a la muerte. De ahí que nuestra capacidad de movernos al ritmo de los ciclos de esta naturaleza sea un tanto escasa. Estas fuerzas no "nos hacen nada". No son ladrones que nos roban las cosas que más queremos. Esta naturaleza no es un conductor que atropella lo que más apreciamos y se da a la fuga.
No, las fuerzas de la Vida/Muerte/Vida forman parte de nuestra propia naturaleza. Están integradas por los aspectos de nuestra personalidad que saben cuándo algo puede, debe y tiene que nacer y cuándo tiene que morir. Es una maestra muy sabia siempre y cuando nosotros sepamos aprender su ritmo.


En el transcurso de esta experiencia comprendi que la vida solo la vivimos en presente. Que las palabras sobran cuando el corazón habla. Que la coherencia y lealtad son el mejor camino. Y sobretodo que lo único y verdadero son nuestras elecciones, una sonrisa y un abrazo de nuestros hijos.

Todo lo demás es cíclico. Sube y baja. Nace y muere. Es luz y sombra. Noche y día. Hay que unir nuestro huesos, nuestras experiencias y cantar al ser que queremos ser y que pugna por manifestarse en nosotros.

Es allí cuando los ciclos nos retiran cosas de nuestro camino pero nos devuelven la valía y la fuerza. El silencio...lo vivo y lo muerto.

Cuando el dolor nos abre puertas internas desconocidas de nuestra humanidad y nos libera.

Y es allí cuando nuestras raíces se hunden en la Tierra que pisamos y recuperamos  la verdadera historia de nuestros abuelos y abuelas. Bisabuelos y bisabuelas. Y hacia atrás. Cuanto de ellos y sus espíritus aun vive en nosotros. Que bello poder abrazarlos y con ello abrazarnos a nosotros mismos. Cuanto amor recibimos de la mano de nuestros ancestros vivos y muertos. Ya no renegamos de nuestra cuna, de sus luces y sombras sino que simplemente aceptamos, fluimos, perdonamos, cedemos y nos estregamos al amor infinito que nos une a ellos, a nuestro propósito de vida. Recibimos el perdón y todo se vuelve transparente.

Renacemos una y otra vez....aprendemos a vivir desde el Alma.


Besos, Sole